martes, mayo 09, 2006

Bésame por favor… bésame…

Bésame por favor… bésame…

La abrazó como siempre lo hacia, con fuerza desmesurada, un abrazo cálido, estrecho y reconfortante. Las manos se perdieron por la suavidad por descubrir de su espalda de niña-mujer, dibujando con los dedos caricias y escalofríos. Fuego y viento. Tormenta que despertaba con el calor que manaba bajo el vientre y se extendía por la piel, por las sábanas, por el cuarto… La empujó levemente llevándola hasta el borde de la cama y aún de pie ella se refugió una última vez en aquel pecho que siempre había sido refugio, único refugio contra la realidad. Después, se dejó caer sobre la cama. Y esperó.

Él la miró desde la altura recreándose en cada milímetro de su cuerpo. Que estupidez, pensó, que ella sea tan bella y yo esté tan ciego. Amaba contemplarla por encima incluso de hacerla suya. Amaba cada rincón, cada recoveco de aquella figura irreal y enigmática que la penumbra solo hacia más deseable. Quería hacerla esperar, acentuar sus sentidos hasta el límite justo en que se cruza esa invisible línea entre la razón y el instinto. Entre el hombre y el animal hambriento.

Hambre. Y de nuevo aquellas palabras.

Bésame por favor… bésame…

Era más de lo que podía contenerse. Una fuerza ajena le acerco hasta ella, cubriéndola con su cuerpo por completo. Entregándose al placer del tacto de la piel desnuda. Sus manos aprisionaron las delicadas muñecas contra el colchón y cumpliendo sus deseos la beso. Lentamente, despacio, se deslizó por su cuello, al compás de un latido y de un gemido, profundo y suave, que parecía alargarse más allá de lo imposible. Aquel gemido que le hipnotizaba y lo sumergía en el mundo de lo irracional. Sintió que sus manos ya no le obedecían y bajaron junto con él al nacimiento del pecho, sus dedos quisieron detenerse pero sus labios habían trazado ya el camino, que lo arrastraban sin remedio al epicentro de sus deseos. Allí donde acababa el vientre y comenzaba su locura.

La sintió temblar. Sombras y sensación. Ya no era él. Era solo un recuerdo perdido que le ardía en el pecho y dolía, terriblemente, absurdamente. Quemaba…. Quemaba… quería gritar, ser escuchado por encima de aquel incesante zumbido dentro de su cabeza.

Pero no fue su grito el que oyó.

Ella gritaba y él se detuvo, dejando que disfrutara de aquella corriente de sensaciones que recorrían su silueta, haciéndola arquear la espalda. Aún con su olor en los labios se acercó a su rostro, observando sus parpados cerrados y la respiración entrecortada. De un lugar, muy lejos de aquella habitación, susurradas por el viento de la noche, llegaron las palabras…

Bésame por favor… bésame…

Y la besó en los labios. Después oscuridad, sombras, silencio, y el fin de un sueño. El fin de un sueño…


sábado, mayo 06, 2006

¿Escribimos un cuento?

- Mira, este es el libro –dijo mientras sacaba el pesado volumen de la cartera y lo dejaba sobre la mesa- ¿Te gusta?

- Es enorme, te va a llevar mucho tiempo escribirlo entero.

- De eso se trata, por eso quería enseñártelo. –Con dedos delicados abrió las tapas de la novela justo por aquella hoja en blanco, no demasiado lejos del principio- Esta es la página que quiero compartir contigo, quiero que escribamos aquí nuestra historia. Los dos juntos.

- Pero… no soy muy bueno escribiendo. Puede que me equivoque y lo deje todo perdido, o que escriba algo que no te guste –esas palabras hicieron brotar la sonrisa de ella.

- Me gustará… además… -ella pasó algunas páginas hacia delante donde se podían ver hojas escritas llenas de tachones, anotaciones en los márgenes y algún intento desesperado de borrar alguna palabra que casi había acabado por romper el papel- ves, yo tampoco soy perfecta, seguramente nos equivoquemos es verdad, pero si los dos queremos podremos arreglarlo.

- Si los dos queremos. Pero quizás llegue el día en que alguno de los dos quiera dejar de escribir, que tenga ganas de coger el papel, arrancarlo y tirarlo al aire. Ya sabes lo que pasa con estas cosas.



- Es verdad –dijo ella mirando atrás en sus escasos recuerdos con nostalgia- Pero no te desanimes, si en algún momento alguno de los dos no quiere seguir, siempre podrá releer el resto de la historia. Porque… ¿sabes que? Estoy segura de que este cuento no merece un final así. Merece un final…

- …feliz – la palabra salió como un susurro suave de sus labios. Miró aquella página en blanco de nuevo, ella había dicho que era solo suya y la idea le llenaba de una extraña ilusión, pero también de un temor profundo y doloroso - ¿Y si algún día ya no quieres que escribamos juntos? Puede que prefieras anotar aquí otras cosas, o escribir con alguien diferente…

- Eso no pasará porque ya tengo decidido cual será la primera palabra que escriba en nuestra página –y sacando un bolígrafo de su cartera perfiló el nombre de su acompañante sobre la cabecera del papel- Ves, es solo para ti, así nadie más podrá escribir en ella y siempre que nos veamos podremos pensar algunas líneas más.

- Me gustará escribir contigo –aquella vez también se dibujó una sonrisa en su rostro, que fue un bonito regalo para ella.

- A mí también. ¿Cómo te gustaría que comenzáramos? Llámame tradicional pero que te parece… -y sobre el libro aparecieron aquellas palabras mágicas, que hablan de esperanza y de aventuras…. de cuentos que solo acaban de empezar.

“Érase una vez…”

Dedicado a quién hace de la belleza una forma de vida.

jueves, mayo 04, 2006

Una mala costumbre

Siguiendo con esa (mala) costumbre mía de ponerme a buscar tonterías para el blog cuando más tengo que estudiar, he encontrado un par de cosillas curiosas. Si hay algo que echaba de menos de msn spaces era la posibilidad de poder colgar tus fotos y verlas en la página sin tener que llenar entradas y entradas con ellas. Desde la página de Slide te permiten las mismas opciones con algún que otro añadido, además también hay por ahí un programilla gratis para hacer salva pantallas curiosos con imágenes (también para Mac, eso va por ti Neus). Ya iré colgando fotos de nuestras desventuras como exploradores de lo desconocido. Espero que os guste.

miércoles, abril 12, 2006

Haciendo las Maletas

Haciendo las maletas pienso en que meter, miro las nuevas ilusiones y los recuerdos que cosimos entre los dos. Miro los besos olvidados en cajas de madera que de tanto esperar cogieron el polvo de los días. Y miro las caricias que en el mapa de tu piel siempre saben a sal. Y pienso… que es mejor no pensar, ni dibujar mañanas, que el hoy se me escapa, que quiero llegar ya.

viernes, abril 07, 2006

La Estatua

Cuando al atardecer los últimos rayos del Sol se despedían de la ciudad, prometiendo volver, su figura tenue siempre recortaba los caprichos anaranjados del horizonte. Mario se preguntaba quién era ella, y que hacia allí sola cada día. Siempre que él había subido hasta la colina el único paisaje que recordaba era la carretera de valencia en su incesante vaivén de coches, una de tantas imágenes grises de los alrededores de Madrid.

Aquel día mientras paseaba de camino a casa con la mochila al hombro observó aquella silueta de otro modo, y se le antojó una marmórea estatua. Debía serlo, por eso siempre estaba allí, tan quieta, tan imperturbable y tan distante. Ese pensamiento le hizo detenerse y como una intuición fugaz que se hubiera apoderado de él de pronto, subió el camino de piedra que lo separaba de ella.

Cuando solo le quedaban unos pasos la estatua se giró y fue en aquel instante cuando él descubrió el secreto más importante de todos. El secreto que le había impulsado a subir hasta la colina. Sus miradas se cruzaron y Mario se supo cautivo de aquellos ojos grises como el mármol. El cabello suave y oscuro de su estatua caía en profunda cascada más allá de las inmensidades de los hombros y entre sus piernas, escondido, descansaba un libro.

Mario quiso decir algo pero las palabras habían muerto en sus labios e incapaz de acercarse más salió corriendo colina abajo, bajo la distante e imperturbable mirada de su estatua que volvió a sumergirse en las páginas del libro. Cuando llegó a su casa, el corazón de Mario latía tan fuerte que se creía capaz de oírlo a través de su cuerpo. Se sentía estúpido por su reacción y le entró un profundo miedo a no volverla a ver nunca más, a que ella se hubiera ido para siempre de su rincón anaranjado cuando el volviera al siguiente atardecer.

Pero no fue así, porque entonces no tendriamos historia, o no merecería la pena contarla, soñarla o inventársela. La estatua siguió allí al día siguiente y todos los que vinieron, y a cada día que pasaba Mario iba tomando de nuevo voluntad para volver a acercarse a ella, tenía que reparar su error, tenía que hablarle y decirle… no sabía que tenía que decirle. Por fin una tarde se armó de valor y subió la colina y antes de que percibiera su presencia se sentó a su lado. Ella le miró con aquellos ojos grises como la piedra mientras en sus manos sostenía el libro y en aquel momento Mario supo cual era la pregunta que buscaba:


- ¿De que habla tu historia? -preguntó en un susurro.

- Habla de una estatua y del chico que se enamoró de ella.

lunes, abril 03, 2006

Rosas en el espacio

Llega la primavera con todo su color y vuelvo a sentirme con fuerzas para ser yo misma. Para desafiar al sentido del sin-sentido a una mano de poker con la seguridad del que tiene las mejores cartas.

Creo que dependo demasiado de la fragancia de libertad que respiro en esta estación, que cada año puntual, me trae un año más. Aún no ha llegado el día en que se olvide de mí.

Ahora estoy inmersa en la creación de otra nueva vida artificial, a veces tengo la sensación de que tengo muchos hijos que solo tienen existencia real en el caos que es mi mente en algunas ocasiones. Cuanto más rayada, nerviosa o descolocada me siento más le da por pensar a esto que llamo cabecita.

¿No entendéis nada verdad? Yo tampoco. Pero necesitaba escribir algo.

jueves, marzo 23, 2006

Los buscadores de belleza

Los buscadores de belleza tienen los ojos grandes y la mirada perdida; mirada que espera y mirada que vaga, en lejanos universos de colores. Los buscadores de belleza tienen el corazón grande y las alas aún más grandes. Y cuando las despliegan solo el infinito es el límite.

Los buscadores de belleza son lo que son y son amables. Son así.

Buscan lo hermoso en las rocas del camino, las levantan, miran y recogen el fruto de su búsqueda. A los buscadores de belleza les gustan las piedras preciosas por sus formas perfectas y, porque si las pones al sol, lanzan destellos. Y los destellos son el lenguaje del alma, luz que ilumina la oscuridad más profunda.

Los buscadores de belleza son lo que son y son soñadores. Son así.

Los buscadores de belleza tienen pasiones secretas con la luna, son amantes entregados en las noches sin estrellas. Susurran al viento palabras de amor y con sus llamas ardientes inflaman labios de cereza. Y son sus besos recuerdos, de los hechos de cristal, de los frágiles, de los que se rompen.

Los buscadores de belleza son lo que son y son pasionales. Son así.

Si un día tu camino se cruza con un buscador de belleza, se cauto, se cuidadoso, se cariñoso… que son gente frágil y silenciosa, son gente hermosa. Te hablaran de alas, de infinitos y de miradas, te hablaran de esmeraldas engastadas y de su luna plateada, te hablaran de aquello que más aman. Y al final serás un ser infinitamente feliz e infinitamente cautivo, cautivo de una mirada, cautivo de su mirada.

Los buscadores de belleza son lo que son y son… así.